martes, 24 de mayo de 2011

BEATA MARÍA ANGEL STORCH


(1592 †1665)
Fiesta: 2 de Diciembre

Ejemplo de espiritualidad litúrgica y eclesial
El 1 de septiembre de 1592 nacía en Barcelona Jerónima, cuarto vástago del matrimonio Cristóbal e Isabel Astorch. Su padre, que pertenecía al gremio de libreros, desempeñaba un cargo público importante. Su madre, heredera de una cuantiosa fortuna, era una dama de acendrada religiosidad.
Huérfana de padre y madre, ingresó muy joven en el monasterio de las capuchinas de Barcelona, donde emitió su profesión en 1609. Cuando tenía 21 años de edad, la mandaron a Zaragoza como maestra de novicias. Después de haber gobernado este monasterio como abadesa, en 1645 fundó el monasterio de Murcia. Tuvo en alto grado el don de la contemplación, alimentada particularmente en la meditación de la Liturgia de las Horas, y al mismo tiempo una caridad solícita hacia las hermanas.
El 21 de noviembre de 1665 le sobrevino un ataque de hemiplejía. Al propio tiempo recobró en pleno el uso de sus facultades mentales. Hizo su confesión con la lucidez de sus mejores años. Recibido el Viático la vieron permanecer extática por largo rato. Expiró serenamente el 2 de diciembre de 1665, después de haber entonado, con un resto de voz, el Pange lingua, coreado por sus hijas espirituales entre gemidos incontenibles. Contaba 73 años de edad
Fue beatificada el 23 de mayo de 1982 por Juan Pablo II.

Venerada en Murcia, tan querida por toda la ciudad y fieles de todos los puntos de España, el Monasterio de las Monjas Clarisas Capuchinas, capilla donde reposa su cuerpo incorrupto en el Paseo del Malecón es siempre visitada, siempre acompañada, velas, flores, oraciones, grandes gracias por su intercesión alcanzadas, acciones de gracias continuas por su poderosa acción...

Que la Beata Madre nos siga alcanzando de Dios las gracias que con fe le pidamos.

ORACIÓN

Oh Dios, rico para con todos los que te invocan, que adornaste a la beata María Ángela, virgen, con el don de penetrar de modo inefable en el tesoro de tus riquezas mediante la diaria liturgia de alabanza; concédenos, por su intercesión, dirigir a ti de tal manera nuestras acciones, que seamos alabanza de tu gloria en Jesús, tu Hijo

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